Haciendo zapping, di
con la historia en mudo, de un anciano, afinador de pianos, ciego de
nacimiento, genio de pura sangre.
Al parecer toda su vida
se dedicó al arte de perfeccionar el sonido, la melodía, la música y es por ese
afán que más que un empleo fue una entrega del alma, cientos de pianos pasaron
por sus manos para transformarse en instrumentos de lujo y placer.
Observar sus manos fue
como leer el entre líneas de una vida particular y admirable. Un mundo donde
los colores son innecesarios, porque para sentir, un solo sentido basta.
En la longevidad que
supera cualquier expectativa extraordinaria, este hombre aun se destaca y es
reconocido por una actividad elegida por pocos, y necesaria para muchos.
Al final, me
preguntaba, cuando mueren los genios… ¿adónde va todo ese talento, esa
experiencia y el reconocimiento?...
Y supe que hay gente
que no debió nacer nunca por ser parásitos sociales, por malvados, por egoístas
o por irresponsables, y hay gente que no debería morir jamás, por excelentes, por admirables, por
abnegados e iluminados.-
Luly
Colón, 03
diciembre 2012
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